martes, 7 de abril de 2009

Hypatia y la antipatía


Los talibanes de cierto fundamentalismo que pretende ser científico (pero que pasa por el alto el rigor que exige la perspectiva histórica y sociopolítica) han pintado a Hypatía, la genial matemática, astrónoma y filósofa que descolló en Alejandría en el siglo IV, como una mártir de las ciencias que fue inmolada por “cristianos bárbaros e incultos, presas del fanatismo de su fe”. Así, el historiador McCabe no vacila en referir: “El Imperio romano se estaba convirtiendo al cristianismo, y era muy frecuente que los cristianos celosos sólo vieran herejía y maldad en las matemáticas y la ciencia: "los 'matemáticos' debían ser destrozados por las bestias salvajes, o bien quemados vivos" (p. 271).
Ignoran o pretenden disolver en sutiles juegos verbales estas personas que el análisis objetivo de la historia se ha de hacer en perspectiva a sus respectivos contextos a fin de no caer en una falta de apasionamiento sumamente perniciosa para los fines de su disciplina. ¿Sería inteligente analizar las guerras púnicas con los alcances del Pacto de Ginebra? ¿Las conclusiones doctrinales de Vaticano II serían exigibles para sentenciar la excomunión a Lutero? ¿No sería una estupidez mencionar la Convención de Derechos Humanos para evaluar la conquista de América? Como se ve, los hechos históricos, con toda la torpeza y la grandeza de su curso, se suceden en una evolución dialéctica que, en gran medida, nos ilustra con sus dolorosas lecciones esos errores que se necesita trascender para constituir un presente más conveniente.
¿A qué viene este rollo? A que esta próximo el estreno de la película “Ágora” del director español Alejandro Amenábar, y el asunto que no debería pasar de una anécdota meramente estética, ya es utilizado por ciertos primates ilustrados del resentimiento para descargar toda su batería en contra del cristianismo que “hoy como ayer pretende aniquilar a los que piensan distinto”. Eso, por supuesto es un sofisma, del que la misma Hypatía se habría reído de buena gana. Lo cierto es que Amenábar es un prominente adalid del lobby gay, y pretende utilizar a la pobre Hypatía (que solo tuvo la culpa de estar mal asesorada políticamente) como emblema de los afanes del terrorismo rosado.
El recurso se cae por si solo de estrafalario; y en ese sentido es muy relevante lo que ha dicho el filósofo y escritor español José Ramón Ayllón a la página web “Primeros Cristianos”: “Hypatía fue asesinada más por motivos políticos que religiosos”. Lo cual es más convincente tomando en cuenta que, en principio Alejandría de aquel entonces era una de las principales urbes de su tiempo, en donde confluían judíos, cristianos y paganos helenistas. Que Juan de Éfeso, en el siglo V, los veía como "una horda de bárbaros, directamente inspirada por Satán", y el propio obispo Cirilo les reprochó su carácter levantisco y pendenciero, en su homilía pascual del año 419. Que pocos años después, en 422, el prefecto imperial fue muerto en un tumulto. Y que Lawrence Durrell los retrata entregados a las facciones y algaradas, a veces con episodios sangrientos.
Hypatía fue pues una víctima más de unas circunstancias socioculturales en un marco histórico preciso. El mismo Ayllón nos explica el contexto de su homicidio: “Una noche, los judíos asesinaron a un buen número de cristianos. Como respuesta, el obispo Cirilo logró expulsar a la población hebrea de la ciudad. Pero entonces la economía se resintió, y entre el gobernador y el obispo creció la enemistad. Hasta que un día unos cristianos exaltados asesinaron a Hypatía, a la que atribuían influencia anticristiana sobre el gobernador”.
Ahora bien, que a causa de ello se pretenda desacreditar a los cristianos resulta un desatino de ignorancia supina, porque siguiendo la misma lógica habríamos de descalificar a la humanidad por completo: A los griegos por matar a Sócrates, a los ingleses por matar a Tomás Moro, a los franceses por matar a Juana de Arco…y así al infinitum del absurdo. Ayllón remata su brillante alocución recordando que las ciencias tal como las conocemos no serían nada sin el impulso que ellas recibieron por parte del cristianismo en la Edad Media.
Pasan por alto también estos fundamentalistas que la propia Hypatía recibió entre sus discípulos a estudiantes de todas las creencias religiosas, que posiblemente solo los cristianos más fanáticos e incultos hayan podido desmerecerla teniendo en cuenta el valioso aporte de las doctrinas platónicas a la edificación del posterior pensamiento cristiano (especialmente el escolástico), y que su posición ideológica seguramente era muy afín a ciertas tendencias cristianas preconciliares, particularmente de los gnósticos.
Resulta improbable además que un “cristiano” elimine a otro por desarrollar ecuaciones indeterminadas o por sustentar un tratado de geometría sobre las cónicas de Apolonio. Es más exacto decir que un ciudadano de Alejandría mata a un rival político en un contexto donde el homicidio es moneda corriente –casi de transacción diofántica-. En este sentido no se debe olvidar que ha quedado demostrado que los magistrados solían consultarla en primer lugar para su administración de los asuntos de la ciudad, esto está sustentado por McCabe (p. 269). Por esta influencia se sabe que prefecto de la ciudad la tenía en especial predilección, dejando incluso de asistir a la iglesia como había sido su costumbre; a causa de esto la gente la acusó de ser la causa de que Orestes y el obispo no se habían hecho amigos. Esto es pues, mas por un interés político que religioso.
Quizá consciente de este carácter más político que doctrinal en el asesinato de Hypatía el historiador Cristiano Sócrates el Escolástico no vacila en llamar a los asesinos “atolondrados, impetuosos y violentos cuyo capitán y guía era Pedro, un lector de esa iglesia”. Y es que los asesinos eran una facción del cristianismo preconciliar, disperso en diversas sectas, específicamente parabolanos, monjes fanáticos de la iglesia de San Cyrilo de Jerusalén, quizá ayudados por monjes nitrios.
Cuando personajes excepcionales como Hypatía pretenden ser utilizados por los fanáticos de hoy (los que encierran pastores como Ake Green y excomulgan en su Inquisición Rosa a todo el que no se trague su discurso pornográfico) a uno le da risa.
Tal vez podríamos remontarnos justo un siglo antes de aquel marzo de 415, cuando un grupo de paganos asesinaron a Catalina, una erudita alejandrina cristiana.
La diferencia es que ahora el dogma es de quienes utilizan burdamente a Hypatía y no la convicción de quienes pretendemos ser seguidores de Catalina de Alejandría.
Esos son los verdaderos misterios de la vida.

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