El día de hoy se conmemora un
aniversario más de uno de las mas ominosos capítulos de la historia del
protestantismo: el infame asesinato del médico Miguel de Servet en manos de la
inquisición que Juan Calvino instauró en Ginebra.
Y si bien este hecho acaeció un
veintisiete de octubr de 1553, se constituyó, para la historia, en el momento
cumbre de una cadena de crímenes, expoliaciones e injusticias cometidas por los
protestantes; quienes enarbolaron la rabia criminal en nombre de una fe que, si
bien nació como un justo reclamo a las necesidades de su tiempo (a menesteres
burgueses, para ser sinceros), terminó convirtiéndose en el ajenjo apocalíptico
y en la pira de azufre que cantaron todos los profetas.
Ese día Juan Calvino pasó, de
virtual sucesor de San Agustín para las cuestiones teológales, en un impecable
heredero de Nerón para los fines del imperio de Babilonia. Y, si bien el legado
del “reformador” es equiparable a lo hecho por Mahoma, el caos calvinista, con
su incesante sucesión de sectas, nada tiene que ver con la mística sufí que
tanto estimuló luego las epifanías de la mística cristiana.
Por eso es bueno recordarles a
los fariseos protestantes de hoy su legado homicida. Porque muchos de ellos
ignoran que, a diferencia de los católicos, no nacieron perseguidos, sino
perseguidores. Y porque al igual que ayer no pueden ocultar de esas
antiestéticas covachas a las que llaman templos ese olor de carne podrida. Hoy
mismo que escribo estas líneas, preclaros miembros de la iglesia evangélica de
Huancayo se lanzan acusaciones mutuas de robo, violación y hasta de asesinato
(de la benefactora Abigail); lo que ha llevado al conocido pastor Néstor Puicón
a decir : “no vaya a ser que, así como nos creemos tan perfectos en muchas
cosas, sea que también seamos capaces de cometer crímenes perfectos”. No está
de más decir que en el resto del mundo la cosa no varía mucho.
Lo que si no fue perfecto fue el
crimen de Miguel de Servet. El ilustre médico español era en realidad un
cristiano de corriente gnóstica a quien le debemos para occidente el
descubrimiento de la circulación pulmonar; dicho descubrimiento lo realizó en
ese afán tan gnóstico de buscar el pneuma (la chispa divina) que por aquel
entonces se identificaba con el aire respirado (Dios insufló el alma a Adán en
las fosas nasales), así que, si el alma estaba en la sangre, la mejor manera de
comprenderla y estudiarla era adentrarse en la ciencia de la circulación
sanguínea ; y es allí donde descubre, a diferencia de lo que el dogma de Galeno
establecía, que la transmisión de la sangre del ventrículo derecho del corazón
al ventrículo izquierdo no se produce a través de los poros del tabique del
corazón, sino a través de un “magno artificio”, por el que la sangre es
inducida desde el ventrículo derecho hacia los pulmones para su oxigenación,
franqueando luego al ventrículo izquierdo; como, en efecto, ocurre.
Sucede que Servet al llegar a
Ginebra de paso al norte de Italia, donde consideraba que sus ideas teológicas
podían ser bien acogidas (escapaba del juicio católico), fue arrestado y
juzgado por herejía por las autoridades protestantes. Servet había tenido debates
en asuntos teologales con Calvino, los mismos que el acusador Nicolás de la
Fontaine presentó oportunamente. El Ayuntamiento de Ginebra tras una
deliberación en la que participaron cuatro iglesias protestantes –de Zurich,
Berna, Basilea y Schaffhausen-, declaró a Servet culpable de no aceptar la
Trinidad y de no aprobar el bautizo de los niños.
El teólogo Calvino que tanto
adoran los protestantes modernos, pidió para Servet la decapitación; sus fieles
devotos –mucho más “cristianos”, sin duda- reclamaron en cambio la hoguera para
el gnóstico. Calvino presentando había presentado treinta y ocho fragmentos
extraídos de las obras de Servet que constituyeron el principal argumento “en
parte blasfemias impías, en parte errores irreverentes e insensatos, y del todo
en desacuerdo con la Palabra de Dios y la fe ortodoxa” que Servet en vano
debatió con el intransigente Calvino.
Muriendo entre las llamas Servet
gritó: “¡Oh, Jesús, Hijo del Dios Eterno, apiádate de mí!”
Es importante que los reverendos
le recuerden eso a sus pupilos, cada vez que el demonio del fariseísmo quiera
apoderarse de sus conciencias. Es bueno que la masa de protestante (muchas
veces poco informada, y otras tantas verdaderamente ignorante) deje de hacerse
al (luterano) sueco con su historia.
Ahora bien, es cierto que hubo
también una inquisición católica. Pero es útil anunciar a todos lo que los
estudios revisionistas traen al respecto: un programa de la BBC refutó hace no
mucho el mito del Santo Oficio como paradigma del terror. Lo cierto es que el
Santo Oficio se enfrentó a una gigantesca maquinaria propagandística promovida
por el mundo protestante gracias a la imprenta.
Transcribo a continuación la
información que se dio al respecto del tema en otro medio:
“Expertos de la talla de Henry Kamen, Stephen Haliczer o los profesores
españoles José Álvarez-Junco y Jaime Contreras reconstruyen en el reportaje El
mito de la Inquisición española el verdadero paisaje de una institución, aunque
no defendible a los ojos del siglo XX, sí intencionadamente desvirtuada. Una
institución controlada por abogados reacios a aplicar la tortura y mucho menos
inquisidores que sus homólogos de Francia, Alemania o Inglaterra, donde sin
necesidad de un tribunal específico se asesinó tres veces más herejes, brujas o
personajes más o menos excéntricos.
Para el profesor de la Universidad de Illinois, Stephen Haliczer, los
propios archivos de la Inquisición son elocuentes: En cerca de 7.000 casos,
apenas se aplica algo parecido a la tortura en un 2%. En 350 años de historia
represiva, y mientras la leyenda habla de millones de asesinatos, la cifra real
de víctimas se sitúa entre 5.000 y 7.000 personas.”
Por su parte Ellen Rice comenta sobre el particular: “Los Reyes
Católicos, comenzaron la inquisición en la esperanza de que la unidad religiosa
fomentara la unidad política, y otros jefes de estado anunciaran el trabajo que
España estaba haciendo para por el advenimiento de una Cristiandad unificada.
El documental claramente y sin ambages narra el contexto histórico, que indica
que los españoles no estaban haciendo algo inusual teniendo en cuenta las
normas contemporáneas. El mito de la Inquisición, que los españoles llaman la
"leyenda negra" no surgió en 1480. Comenzó unos cien años después,
exactamente un año después de la derrota protestante en la batalla de Muhlberg
por cuenta del nieto de Fernando de Aragón, el Emperador, Carlos V.
En 1567 una feroz campaña de propaganda comenzó con la publicación de
un panfleto protestante escrito por una supuesta víctima de la Inquisición
llamado Montanus. Este personaje (un protestante, por supuesto) pinta a los
españoles como bárbaros que abusan de las mujeres y sodomizan a los muchachos
jóvenes. El protagonista pronto crea estos "enemigos encapuchados"
que torturan a sus víctimas en horribles aparatos como ser la "Dama de
Hierro", llena de cuchillos (y que nunca fue usada en España).
Los historiadores en este documental declaran falso un documento de la
Inquisición que declara el genocidio de millones de herejes. Lo que está
documentado es que de 3000 a 5000 personas murieron durante los 350 años que
duró la Inquisición. También se documentan los "autos de fe",
sentencias públicas a herejes en las plazas de los pueblos. Pero el gran mito
del control del pensamiento por hermandades siniestras es refutado por la
evidencia de los archivos. Ahora bien 3000 a 5000 ejecuciones documentadas,
palidecen en comparación con los 150,000 quemas de brujas documentadas en otras
partes de Europa durante los mismos siglos.
La destrucción de las mentiras que se han tejido con respecto al santo
Oficio se unen a las refutaciones de otros mitos grotescos como es el de Guerra
de los Treinta años y la Paz de Westfalia, y que últimamente están saliendo a
la luz para el bien de todos.
Asunto importante para tener una
perspectiva más objetiva de la realidad y para dejar los fariseísmos de lado;
por lo menos hasta el momento en que todos los cristianos con la sabiduría que
la historia nos concede, podamos restablecer el Reino Celeste de la Nueva
Jerusalén en este plano.